Donald Trump

Ahora que ya comenzamos a procesar que Donald Trump será el nuevo presidente de los Estados Unidos de América, bien podríamos hablar de cómo Los Simpson lo predijeron, o si South Park ya se había burlado de los argumentos que se convirtieron en el estandarte de la campaña del republicano; sin embargo, hay una película que poco a poco ha ido “reviviendo” como cinta de culto debido a lo que en los últimos años se ha vivido en el país del norte: Idiocracy.

En 2006, Mike Judge (el hombre detrás de Office Space y Beavis & Butthead₎ presentó este filme donde nos retrata una distopía que exagera lo que en su momento el director consideró como lo que estaba llevando a la sociedad norteamericana en picada. En él, un hombre promedio (Joe Bowers interpretado por Luke Wilson) y una prostituta (Maya Rudolph) son congelados en un experimento militar, y tras un incidente, despiertan 500 años en el futuro, descubriendo un Estados Unidos decadente, consumido por el capitalismo, repleto de una población con un IQ tan bajo que no son capaces de resolver sus problemas a causa de su ignorancia (enfrentan una sequía debido a que riegan sus plantíos con Brawndo, una bebida deportiva, ¡porque tiene electrolitos!). Y por supuesto, su presidente es Dwayne Elizondo Mountain Dew Herbert Camacho (Terry Crews), un campeón de lucha.

¿Suena exagerado? En realidad, ahora en pleno 2016, hasta suena mejor que la realidad.

No hace falta hacer un gran análisis para hablar de cómo Donald Trump y los ciudadanos estadounidenses se relacionan con la sátira presentada en Idiocracy, por lo que me adentraré en ello (para ello, nada mejor que volver a ver la película y deprimirse hasta las lágrimas por cuenta propia). No, lo que expongo es una simple y breve reflexión sobre por qué el futuro reflejado en Idiocracy es mejor que nuestro tiempo actual.

El pueblo norteamericano eligió a Trump como su representante. Eligió a un hombre blanco, ignorante, xenófobo, racista, homofóbico, misógino, machista, violento y egocéntrico. Y sí los representa, pues como sociedad demuestran ser igualmente ignorantes, xenófobos, racistas, homofóbicos, misóginos, machistas, violentos y egocéntricos.

La distopía de Idiocracy podrá estar llena de gente idiotizada, pero al menos no encarna muchos de estos valores. Ahí no se presentan tiroteos a cargo de ellos mismos, ni se discriminan entre ellos. Es más: tienen a un presidente afroamericano al cual respetan y cuyo color de piel nunca pone en duda su capacidad (que si bien, sabemos que no la tiene, al menos los ciudadanos están bien al tenerlo como autoridad). Además, estas personas idiotas, aún siendo mayoría, están conscientes de que no son individuos brillantes (algo que, tristemente, no podemos decir de muchas personas que nos rodean).

Esto no es para llenar el aire de pesimismo, o decir que estamos condenados como seres humanos. Al contrario, es un llamado a estar conscientes del destino al que vamos transitando en este camino para, antes de que sea muy tarde, cambiar a una ruta que sí nos lleve a un mejor futuro. Y si podemos lograr que éste no sea inspirado en una comedia satírica del 2006, pues qué mejor.

Idiocracy, o cuando la realidad supera la ficción
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