Paco del Toro

Es difícil haber navegado por las redes sociales durante la pasada semana y no haber sido testigo de la controversia generada por el filme mexicano Pink. Aunque anunciado desde meses atrás, el tema se volvió relevante debido a que la cantante mexicana Yuri, a través de su cuenta oficial de Twitter, invitó a sus seguidores a que no se perdieran de esta película, estrenada el 4 de marzo (solo en Cinemex).

Bajo la dirección de Paco del Toro y apoyada por la comunidad evangelista “Cristo Vive”, es innegable el odio y la homofobia que Pink promueve en su discurso. La pregunta es: ¿se debería censurar?

¿Quién es el director?

Antes de hablar de Pink, es importante conocer quién está detrás de este proyecto.

PinkOriginario de Saltillo, Paco del Toro es un director, productor, escritor y actor que se ha dedicado a un cine que denuncia problemáticas sociales desde el punto de vista de su religión protestante, donde usualmente es Jesucristo el encargado de salvar al protagonista a través de diferentes medios. De acuerdo a su sitio web, él “se niega a realizar un cine que no aporte algo constructivo y edificante a esta humanidad en decadencia”.

Es egresado el Instituto de Arte Dramático Andrés Soler, y estudió economía en la Universidad Nacional Autónoma de México. En 1989 fundó su propia productora, Armagedón, con la que ha realizado gran parte de su filmografía, estilizada al más puro estilo telenovelesco para atraer mayor audiencia, y en la cual destacan películas que tratan diversas temáticas como el aborto (Punto y aparte), el SIDA (SIDA: Síndrome de la muerte), la violencia contra las mujeres (Cicatrices), drogas (Drogadicto), prostitución (Mujer de la calle) y otras creencias (La Santa Muerte). Además dirigió la cinta biográfica “Yuri: Mi verdadera historia”, basada en la vida de la popular cantante mexicana.

¿De qué trata Pink?

Una pareja de estilistas homosexuales que disfrutan de su vida de vicios, deciden dar el siguiente paso y (ahorrándose por arte de magia todo el proceso burocrático) adoptar un niño. De aquí en adelante, mediante clichés y estereotipos, Del Toro nos muestra cómo el niño va adoptando las conductas y los manerismos de sus padres, además de que es frecuentemente molestado por el hecho de tener dos papás.

Llega un momento en que, por diferentes problemas, la pareja se separa. Uno de ellos es llevado por el “buen camino” mediante las palabras de un taxista, por lo que “se cura” de su homosexualidad gracias a su encuentro con Dios.

El final, sin embargo, no es feliz, pues su ex pareja regresa solo para hacerle saber que ambos tienen SIDA. Fin.

Explicando la homofobia

Pink se autoproclama como promotora del debate sobre la adopción por parejas homoparentales, cuando en realidad su discurso muestra una clara postura en contra con “argumentos” enteramente basados en estereotipos peyorativos y sustentado en distorsionadas creencias religiosas.

Paco del ToroLa definición de la homosexualidad que parece tener Del Toro es burdamente superficial y erróneamente mostrada como un absoluto, cuando solo es su particular e ignorante percepción de la misma.

No, no todos los gays son estilistas, alcohólicos, fiesteros, irresponsables y promiscuos. No, la homosexualidad no se aprende, ni hará que los hijos criados por un matrimonio homoparental se pongan pelucas y lo enseñen a ser “femenino” (un detalle que, de paso, deja ver la inconsciente misoginia del autor, además que nada tiene que ver con la orientación sexual). Y no, la homosexualidad no es un enfermedad, no es contagiosa ni se puede curar, mucho menos a través de ideologías religiosas.

Más importante aún, si el niño sufre debido a las burlas o maltrato de sus compañeros, esto no es culpa ni de sus padres, ni del mismo menor. La culpa no es de la víctima, sino del agresor, y estas acciones se originan de las mismas ideas ultraconservadoras y desinformadas que el filme promueve, resaltando la gran incoherencia entre su supuesto estandarte “a favor de los derechos de la familia y de los niños” y lo que verdaderamente están generando con su discurso.

Sobran los estudios y las experiencias que demuestran que la adopción de niños por parte de parejas homosexuales no afecta en su desarrollo en absoluto, pues la orientación sexual no tiene relación con la calidad humana de su cuidado y crianza (aquí un documento de la ACLU si gustan consultar el tema)

Pese a los avances en los últimos años en México en relación al respeto de los derechos humanos de la comunidad LGBT+, estamos lejos de poder considerarnos como una nación ideal en esta materia. Y en una sociedad donde frecuentemente tenemos casos de declaraciones que fomentan el odio en base a argumentos enteramente basados en la ignorancia, Pink representa un enorme retroceso, pues solo viene a reforzar estos prejuicios que atentan contra la integridad de la comunidad LGBT+ y cuya desinformación puede desencadenar actos de mayores consecuencias (como los crímenes de odio que están muy presentes en nuestro país).

Aunque el cine de propaganda no es nada nuevo (recordemos toda la obra fílmica encomendada por Hitler o los títulos que promovían a Porfirio Díaz en las épocas de la Revolución Mexicana), estamos ante lo que evidentemente es cine de propaganda, pero de la peor manufactura, manchando aún más la imagen del cine nacional y el reconocimiento que los verdaderos artistas mexicanos detrás del lente han logrado con gran esfuerzo y poco apoyo.

¿Se debe censurar?

Entonces, evaluando el posible daño que puede hacer, entonces, ¿se debe censurar Pink? La respuesta es: NO.

Citando a Sergio Tovar Velarde, director de Cuatro Lunas: “Todas las posturas son válidas, pero no todas son valiosas, en especial si fomentan la ignorancia”.

Paco del ToroDesde la popular plataforma de change.org existe una petición para prohibir la exhibición de este filme en las salas cinematográficas del país . Sin embargo, de llevarse a cabo, esta exigencia representaría otro gran retroceso en nuestra precaria industria, pues se estaría aprobando el uso de la censura.

Si de por sí es toda una odisea el poder exhibir el buen cine mexicano, que en ocasiones es víctima de este tipo de censura, esto solo contribuiría a dificultar más la labor de quienes en verdad tienen algo que contribuir a la filmoteca nacional.

Como consumidores y como ciudadanos podemos elegir no acudir a las proyecciones de la cinta, y tenemos la libertad de exhortar a los demás a no hacerlo por todas las razones que podamos enumerar, pero no podemos caer en la trampa de implementar una medida que al final nos perjudicará a todos por igual. No podemos censurar, pero sí podemos elegir, dialogar e informar.

Libertad y responsabilidad moral

Para explicar mi punto, hablaré brevemente de dos conceptos: la libertad de expresión y la responsabilidad moral.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que la libertad de expresiónincluye el derecho a mantener una opinión sin interferencias y a buscar, recibir y difundir información e ideas a través de cualquier medio de difusión sin limitación de fronteras”. Hablando particularmente del cine, se refiere a la libertad de crear contenido para comunicar nuestras posturas, ideas u opiniones sin que se ejerza una prohibición de emitir dicho mensaje.

En tanto, la responsabilidad moral, por definición, refiere que debemos “considerar, averiguar y asumir a priori las consecuencias de una norma ética“, es decir, “reconocer a priori los intereses de todos los posibles afectados“. Si trasladamos el término al cine, podríamos utilizarlo para hablar de la responsabilidad que tiene el autor o realizador sobre el mensaje transmitido en su obra y los efectos que pudieran tener en nuestra sociedad.

Hay que defender el derecho a la libertad de expresión, no solo en el cine, sino en la vida misma. Pero también hay que asumir la responsabilidad ante las declaraciones que se hacen, para bien o para mal.

Ejerciendo esta misma libertad de expresión, hay que manifestar nuestro descontento ante la promoción de estas ideas, para no permitir la tolerancia de la intolerancia ni dejar que esta ignorancia escale a alguna consecuencia de mayor gravedad.

Paco del Toro

Lamentablemente este tipo de trabajos cuentan con alta distribución, lo que permite que el discurso de odio y la desinformación llegue a las mentes de los mexicanos menos educados en el tema. Sin embargo, no podemos combatir odio con odio. ¿Qué podemos hacer? Desde nuestras propias disciplinas, informar correctamente a la población para poner nuestro granito de arena en la construcción de una mejor sociedad. Y por supuesto, ejercer nuestro gran derecho como espectadores, el cuál otorga el verdadero poder a nuestro propio discurso: no ir a verla.

¿Se debe censurar Pink?

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